Se llaman minas a cielo abierto o minas a tajo abierto a las explotaciones mineras que se desarrollan en la superficie del terreno, a diferencia de las subterráneas, que se realizan bajo ella.
Para la explotación de una mina a cielo abierto es necesario excavar con medios mecánicos o explosivos los terrenos que rodean o recubren la formación geológica que forma el yacimiento. Estos materiales se denominan genéricamente estéril, mientras que la formación a explotar se le llama mineral. El estéril excavado es necesario apilarlo en escombreras fuera del área final que ocupará la excavación, con vistas a su utilización en la restauración de la mina una vez terminada su explotación.
En la mineria a cielo abierto montañas enteras son convertidas en rocas y luego trituradas hasta lograr pulverizarlas; para lo cual se usan maquinarias mineras de grandes dimensiones, conocidas como bulldozers. Para extraer el mineral (o minerales) deseados se mezcla esta roca pulverizada con una sopa química con reactivos como cianuro, mercurio, ácido sulfúrico. Para este proceso se emplean enormes cantidades de agua y energía eléctrica.
La mineria a cielo abierto es una actividad industrial agresiva de alto impacto ambiental, social y cultural. Es también una actividad industrial insostenible por definicón, en la medida en que la explotación del recurso supone su agotamiento. Los modernos equipos de excavación, las cintas transportadoras, la gran maquinaria, el uso de nuevos insumos y las tuberias de distribución permiten hoy remover montañas enteras en cuestión de horas, haciendo rentable la extracción de menos de un gramo de oro por tonelada de material removido.
Este tipo de mineria devasta la superficie de los suelos, modifica severamente la forma del terreno, apila y deja al descubierto grandes cantidades de material estéril, produce la destrucción de grandes áreas cultivadas y de otros patrimonios superficiales, puede alterar cursos de agua y formar grandes lagunas para el material descartado. Social y económicamente destruye casi por completo el turismo de la zona, afectando gravemente la estética del lugar, y el ruido producido por la maquinaria y las explosiones causa enormes problemas a las poblaciones adyacentes y a los seres vivos al rededor, limitando los llamados de todo tipo de las diferentes especies adyacentes al yacimiento. La mineria a cielo abierto contamina el aire, las aguas superficiales y las subterráneas, afecta los suelos, la fauna, la flora, el microclima y las poblaciones humanas que tienen la poca fortuna de estar establecidas cerca del yacimiento.